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Posts etiquetados ‘Planificación’

3
May

«Hablando del Currículum… y la reputación online» parte II

Cuando hace unos días nos entreteníamos «Hablando del Currículum», una de las afirmaciones que se realizaban en el citado artículo consistía en que el Currículum debería caracterizarse por ser algo muy vivo y dinámico.

Tras diversas idas y venidas sobre el asunto en cuestión, casi que se acababa la reflexión haciendo constancia de la conciencia y cultura 2.0, –con sus pros y sus contras la cual nos permitía el acceso a esas nuevas herramientas plasmadas en la web como reflejo de una nueva forma de entender las cosas que pasa a la fuerza por la voluntad de compartir, y que, por otro lado nos pueden facilitar el alcanzar esa visibilidad que permita manifestarse a nuestra notoria y real diferenciación, dando esa chispa de vida y actualidad a nuestra historia, tan necesaria en la sociedad en la que nos movemos y que el currículum tradicional nos impedía. Leer Más »

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13
Abr

«2.600 millones ¿de inversión o de despilfarro en formación?»


Mari Luz Rodríguez (fuente: europapress)

Hace apenas unos días que la secretaria de Estado para el Empleo, Mari Luz Rodríguez, nos anunciaba que el Gobierno tiene intención de destinar este año más de 2.600 millones de euros a la Formación por el Empleo, —en europapress el 08/04/2011— mientras aseguraba a un mismo tiempo que «la formación es la llave maestra que abre todas las puertas, porque es la política que mejor va a preparar para regresar al mercado de trabajo a las personas en situación de desempleo».

De esta manera, hasta ahí, quien escribe este artículo, que ha reiterado en diversas ocasiones su convencimiento del momento cambiante en su fondo y en su forma de la estructura del Mercado Laboral, no tiene objeción alguna, sino más bien lo contrario, ante tal afirmación –esta es la de la formación como clave y fundamento de la reactivación, y de la reformulación, de la actividad laboral–.

Pero la formación, la ocupacional, tiene un objetivo: la reinserción del profesional –a través del nuevo conocimiento, de la actualización y del reciclaje– en ese Mercado Laboral, y si ese objetivo no se alcanza, ni dos mil seiscientos, ni tres mil, ni un millón de millones serán la oportuna inversión, sino sólo un inoportuno despilfarro en formación.

Nos movemos dentro de un marco evolutivo en extremo, tanto por su rapidez como por la intensidad de los cambios que se realizan dentro del ejercicio profesional. Desde ese momento, ya no es válida ninguna formación estándar ya caducada, sino que será menester adecuar los contenidos a las necesidades modernizando y actualizando las actividades formativas renovando, para ello, temáticas y metodologías. Por otro lado, una acción educativa no estará realmente completa mientras no sea medible, pues ¿de qué vale gastar y gastar si no conseguimos nuestro fin y, además, no somos capaces de evaluar resultados e impacto? Será esta la única manera, como ocurre en los sistemas abiertos, en que la interrelación de todos los elementos participantes se conjugan hasta conseguir –a manera de homeostasisel objetivo común.

Así las cosas, tal situación de decadencia laboral a la par que de importantes y continuas transformaciones, –avances tecnológicos, la sociedad de la información– el profesional se ve abocado a una mayor flexibilidad y preparación necesaria, en actitud simbiótica y abierta de adaptación ante los retos surgidos, ante una empresa en constante evolución basada en modernos procesos de I+D+i. que elevan drásticamente la necesidad de nuevas competencias entre los profesionales.

Y es en momentos como los actuales cuando la formación cobra un papel fundamental para una adecuada y oportuna adaptación y desenvolvimiento entre las nuevas “reglas” que el mercado impone. Y concretando aún más si cabe, será la formación continua y ocupacional la herramienta protagonista y urgente que evite el desfase del profesional en el mundo laboral en forma de actuaciones improvisadas y desorganizadas y, por la tanto, en la mayoría de los casos tan poco eficaces –como las observadas hasta el día de hoy– en lo que debiera ser facilitar la ágil gestión del trabajador en el ejercicio de su profesión.

Atrás deberán quedar esos fantasmas traducidos en ineficacias, sospechas, intereses personales antepuestos a los comunes, politiqueos retranquentes y luchas por la cuota de poder. Todo es poco para llegar al fin de que desde el euro primero hasta el que haga dos mil seiscientos millones, todos, todos sean utilizados de forma optima para conseguir que el trabajador alcance su plena realización, su realización profesional.

6
Mar

«El entorno, la proactividad y los círculos de influencia (Parte I)»

Desde la organización empresarial como sistema se observa con facilidad como esta se encuentra inmersa “en un ámbito superior o sistema socioecnómico imperante que habitualmente denominamos «entorno» [1], de tal modo que descubrimos a la empresa inserta en un ambiente  con un elevado dinamismo y capacidad de cambio, con altos niveles de incertidumbre en el que la empresa interactúa día a día, y según sea esta capaz de adaptarse a ese entorno, manejarlo e, incluso, en la medida que le sea posible, modelarlo en favor de la organización, aseguraremos más o menos su supervivencia.

Así entenderemos la necesidad que la empresa tiene de conocer de la forma más exhaustiva posible el entorno en el que se desenvuelve e intentar predecir de forma analítica y reflexiva la dirección que este tomará en un futuro, todo ello con el fin de ser capaces de planificar estratégicamente el mañana que deseamos para nuestra organización.

Desde el momento en que la persona, desde su autonomía reflexiva, decide efectuar el tránsito desde su esfera privada hacia la esfera pública comienza una relación con otras personas, realiza entonces continuas acciones sociales y se convierte, por tanto en un ser social.

Fuente imagen: http://es.123rf.com

A partir de este momento, lo quiera o no, su vida, su presente y su futuro, por esa interactuación con sus congéneres, en mayor o menor medida se verá definida por la influencia de estos últimos; se verá marcada de manera profunda por su «entorno». Un entorno, por cierto, tan cambiantedinámico como el de la empresa y, en los tiempos que corren, tal vez, incluso, más caótico, contradictorio y turbulento.

Si entendemos entonces al hombre como ser social, si aceptamos que su entorno, en cierta forma, es la suma de los entornos de cada persona con las que interactúa y que por esto una gran parte de su vida depende de los cambios que se produzcan en el mismo y por acciones que no dependen del hombre como individualidad, sino a las acciones de otros hombres, no será difícil deducir la importancia que para el hombre tiene el conocimiento de su entorno, y descubrimos que, al igual que para la empresa, según lo razonado al principio de este artículo, es este un asunto de supervivencia, y por lo tanto suficientemente importante como para ocuparse del mismo.

De esta forma la persona, el profesional –que al fin es el motivo de este trabajo– tendrá la necesidad de estudiar y entender cuanto se relacione con todos esos factores externos que van a influir en el desarrollo de su día a día quiere, igualmente, gestionar su futuro de manera estratégica, que no es otra cosa que ser capaces de diseñar cómo queremos que sea nuestra vida, y planificar la manera de alcanzar nuestras metas.

Así, sobre algunos aspectos de nuestro entorno podremos influir, de tal forma que podamos paliar los efectos negativos cuando los hubiera o, en su caso, aprovechar una coyuntura propicia o, incluso, favoreciendo con nuestras acciones la positividad de los mismos. Sobre otros, nuestra capacidad de influencia será escasa y en muchas ocasiones nula.

Para ello será conveniente que aprendamos a diferenciar el conjunto de todas esas circunstacias, sabiéndolas agrupar según la influencia que seamos capaces de ejercitar sobre las mismas para dosificar y aprovechar más eficazmente nuestro esfuerzo.

Pero para hablar de ello, será cuestión de esperar a la segunda parte de este artículo.

(sigue…)


1Enrique Claver Cortés – “Manual de Administración de empresas” Pag. 97

12
Ene

La «planificación» como «necesidad». Mueve ficha, ya.

Francamente pienso que es mucho más apetecible y motivador reflexionar sobre el futuro en épocas de bonanza. Cuando el viento sopla a favor y la mar está en calma, siempre resulta mucho más sencillo el conseguir dirigir nuestra embarcación por el rumbo deseado mientras, entretanto, disfrutamos, además, de una plácida travesía. Aunque, lo cierto es que yo tengo muy poco parecido —más bien ninguno— a eso que llaman un “lobo de mar”. Además estoy convencido de que es un asunto genético que ha hecho mella en mí como lo hizo antes en mis antepasados desde hace muchas generaciones. Así que esa es simplemente una opinión y esta una perspectiva que no para todos ha de ser la misma.

Así, como tan patente es mi desconocimiento en las artes del mar, no es menos cierto, por otro lado, doy fe, que atravesemos el momento que atravesemos, nos encontremos en la situación que nos encontremos, y nos cueste lo que nos cueste, si queremos alcanzar un objetivo, el nuestro, el que nosotros deseemos, será una «necesidad» ineludible una correcta «planificación» de nuestro rumbo, con la presencia, incluso, de aquellas famosas cuestiones del dónde, cómo, cuándo y por qué.

La reconsideración de nuestro rumbo profesional —tanto como el vital— debiera ser algo más que una práctica en momentos de necesidad —que es en esta situación de forma muy posible, precisamente, cuando menos la practiquemos—. Y es que lo verdaderamente peligroso es no saber hacia dónde nos dirigimos; que ya lo decía el filósofo cordobés:

No hay viento favorable para el que no sabe adónde va.

Lucio Anneo Séneca (4 a.C. – 65 d.C.)

Saber adónde queremos llegar, examinar nuestras herramientas, nuestras armas, diseñar nuestros modos y concebir nuestro plan; vivir, en fin, estratégicamente mirando de frente al mañana.

Gestión EstratégicaY como todos cambiamos, tanto como cambia todo a nuestro alrededor, debemos andar ligeros y sentirnos flexibles. De esta manera, un objetivo y un plan no tienen por qué ser rígidos, definitivos. Podemos modificarlos, redifinirlos cuantas veces queramos, necesitemos o, simplemente, nos apetezca. El objetivo y el plan no son los dueños de nuestra vida, sino muy al contrario. Pero para eso, para poder rediseñar nuestra senda, antes tenemos que haber marcado por dónde empezar el camino.

Y así, si quieres algo más de la suerte tendrás primero que buscarla con trabajo y tensón y ponerte frente a ella cara a cara. Es la única manera de encontrarte con su sonrisa.

Mueve ficha y comienza ya, en el presente, a ganarle la partida al futuro.