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Posts etiquetados ‘Felicidad Profesional Bruta’

24
Nov

Motivación y significado del trabajo – El camino del happyshifting (parte II)

Camino a la Felicidad

(viene de atrás) De esta manera, se comprueba una vez más que el significado que el trabajo tiene para las personas no se sustenta únicamente en factores puramente materiales, sino que existen otras variables tan importantes como fundamentales reflejadas en factores como el nivel de satisfacción que el trabajador obtiene con la realización del trabajo, y con los valores que esta persona tiene hacia la acción de trabajar.

Así, volviendo a releer el artículo en cuestión 1 observamos diferentes opiniones muy en la línea de lo que hasta ahora se ha afirmado, cuanto menos en la forma, que no tanto en el fondo. Y de entre todas estas, tal vez, destacaría las declaraciones de Pablo Giráldez –Cisco Systems– cuando habla de que “tanto la compensación como la satisfacción en el trabajo se deben enfocar den forma global. Una parte de la felicidad es la retribución, pero también está en el jefe, los compañeros, la cultura corporativa, (…) o la cualificación del empleado (muchos desempeñan tareas para las que están sobrecualificados, y esto causa frustración). Además el empleado debe contemplarse de forma global. Hay que resolver los asuntos de la vida personal, y buscar el equilibrio. (…) Debe llegarse a un compromiso en el trabajo”.

Y en este último párrafo aparece, ya por fin, el concepto felicidad relacionado con el trabajo –el happyshifting  y el lovework, y con lo bonito que suena en español, por cierto–. Felicidad ¿Acaso sería esto posible?

Pues sinceramente creo que sí; pero todo ello pasa por una muy profunda reflexión por ambas partes –empleado y organización– desde donde se tome seria conciencia de los múltiples factores que influyen en el comportamiento laboral, reconociendo que los seres humanos no somos meros mecanismos que respondemos a ciertos estímulos, sino que estos están influidos por interpretaciones y significados, así como consideraciones dadas por actitudes y valores de manera que el conjunto de todo ello, sumado a la cultura organizacional –bien encajado y todo en su lugar, permitan el equilibrio vital para ambos, de manera tal que hagamos factible ese reparto a cachitos de la tarta lo que una vez llamamos Felicidad Profesional.

Fuentes utilizadas:

Artículos relacionados: 1 “¿Prefiere ganar dinero o tener un trabajo que le haga feliz?” por Tino Fernández en Expansión

Viñeta: Erlich

23
Oct

La «Felicidad Nacional Bruta» en Bután, el reino donde la felicidad sí importa

Bután

འབྲུག་ རྒྱལ་ཁབ་, Dru Gärkhap o Bruf rGyal-Khab, en inglés Kindom of Bhutan, o  en definitva, el Reino de  Bután, es un pequeño estado situado entre China e India, en plenas montañas del Himalaya, donde desde que su cuarto rey, Jigme Singye Wangchuck, comenzara una política de exposición gradual al mundo exterior, culminada con su abdicación sobre su hijo, el joven monarca  Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, y con la cesión, por parte de este, del poder real al pueblo soberano en el año  en 2008, ha conseguido importantes avances sociales y económicos –pues cuentan que posiblemente alcance los Objetivos del Milenio estipulados por la ONU en el año 2012–; hasta el punto que, precisamente, si ahora estamos hablando de este pequeño país es porque Bután es un reino donde la felicidad, verdaderamente, sí importa.

Fundación Pequeño Deseo

Y es que ¿han oído hablar del índice de Felicidad Nacional Bruta? Pues no siendo algo nuevo –véase ya en 2008 “Bután, potencia nacional bruta”—  y dado el vigoroso y renovado resurgir de nuestro presidente desde su anhelado empeño en guiarnos a través de una “profunda” transformación del estado del bienestar –tan tristemente añorado por la mayoría de los españoles– tal vez bien le convendría a este atenerse a las consideraciones del primer ministro de Bután, Jigme Thinley, que tuvo a bien compartir en el marco del I Congreso Internacional de la Felicidad celebrado en Madrid bajo el patrocinio de Coca-Cola.

La Felicidad Nacional Bruta, una premisa basada en el convencimiento de que, por encima de todo, la principal responsabilidad de un gobernante es ayudar al ciudadano a alcanzar la felicidad y no sólo desde sus necesidades materiales –¿estado de bienestar?–, sino también desde las necesidades espirituales. Y de esta forma, su política económica se sustenta en cuatro pilares fundamentales: un desarrollo económico igualitario y sostenible –desde el convencimiento de que no se puede ser feliz sin haber cubierto un mínimo de necesidades–, la conservación de la naturaleza, la preservación de la cultura y unas transparentes prácticas de buen gobierno.

Así, en una entrevista concedida a ABC, el primer ministro afirma:

 

Jigme Thinley (Fuente ABC.es)

“Estas cuatro columnas son los indicadores principales en los que basamos nuestro desarrollo. La meta no es sólo impulsar el crecimiento económico y material sino promover el bienestar humano en un entorno social de equidad. El desarrollo no se puede lograr a costa de nuestra diversidad cultural y nuestros valores humanos; no puede comprometer el medio ambiente y la ecología. En Bután, por ejemplo, hemos incrementado el área de bosques en los últimos 30 años, desde el 46% hasta el 72% actual”.

Jigme Thinley

No conozco la auténtica realidad social de Bután sino más por lo leído en estos últimos días, pero el planteamiento en cuestión es muy atrayente. ¿Sería posible, extrapolando este asunto al mundo empresarial, sacar deducciones concluyente sobre su idoneidad?

Cada vez conocemos más sobre la relación entre el afecto y su importante influencia en el funcionamiento de las organizaciones y la productividad del empleado. Son muchos los autores que así se manifiestan –acabo de leer un muy interesante   artículo de Barsade y Gibson “Los motivos por los que el afecto es importante en las organizaciones”, el cual recomiendo por ser de un grandísimo interés–. ¿Por qué, pues, cuesta tanto asimilar una realidad tan palpable?

Reino de Bután

Pues tal vez podría ser porque cada vez conocemos más pero, a un mismo tiempo, aprendemos menos. Desoímos una y otra vez las voces de quienes nos alientan a tomar en cuenta estas consideraciones, como los ya citados BarsadeGibson o Salovey y Mayer –padres estos últimos de la Inteligencia Emocinal–.

Muchas cosas deben ir cambiando si queremos aproximarnos a conceptos como el índice de Felicidad Profesional Bruta en nuestras organizaciones. Pero debemos suponer que seremos capaces de hacerlo acercándonos, poco a poco, al concepto lovework –aun no siendo yo muy dado a los anglosajonismos–. Y, posiblemente, de esta forma consigamos adecuar competencias y actitudes de forma que converjan en la dirección de la mejora continua dentro de nuestro entorno profesional.

Claro que si hablamos de entorno, en esa cuestión, el de Bután simplifica mucho el asunto.

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