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Entradas de la categoría ‘Psicología del Trabajo’

3
Ene

Despido, miedos y fobias.“Up in the air”, comienza la batalla.

Para gustos no hay nada escrito, o por lo menos eso es lo que se dice. Yo no soy un buen crítico de cine. Yo no soy un buen crítico de nada; tal vez ni siquiera sea un crítico, pero sí sé cuando algo me gusta o no, y “Up in the air” no me gustó.

Tratar el asunto del despido es algo muy serio. No se debe frivolizar; pienso. De todos modos, este tráiler es significativo, por lo menos en un par de secuencias; bastante significativo para hacer alguna reflexión.

Un día te llaman a un despacho; aparece un tipo al que, en la mayoría de los casos, apenas conoces; se sienta delante de ti sonriendo como si nada pasara y te mira con cara de gilipollas,  de “enterao” que todo lo sabe; te cuenta una historia en la que, habitualmente, la empresa es la que más sufre la situación; te habla de principios y valores y, al final, y no siempre, una palmadita en la espalda pues tienes que estar eternamente agradecido a la empresa que te acogió y que, en el fondo, te está dando una nueva oportunidad en tu vida profesional. Luego te quedas solo. Solo con tu angustia y tu miedo.

Antropofobia

Antropofobia

En “Me han despedido… y ahora qué”, Tamara Vázquez y Ángela Méndez nos recuerdan a Álvarez de Mon cuando dice que “la pérdida de autoestima es el miedo más peligroso y dañino de los que aparece en un despido”. Pero también hay otros miedos; u otros miedos derivados de este; miedos y  fobias… y riesgos.

El miedo nos hace sentir mal; nos hace sufrir. También la fiebre, y el dolor, actúan de una forma un tanto similar. Son avisos de que algo no va bien. Luego, desde esa perspectiva, la que nos ofrece el instinto de supervivencia, no es tan malo el miedo. Así, decía Franklin D. Roosevelt que “a lo único que tenemos que temer es al miedo en sí mismo”.

Una baja autoestima, por su parte, daña nuestro sistema psicoinmunológico —disminuyen nuestras defensas naturales— y nos hace vulnerables ante los riesgos; riesgos de posibles deterioros psicológicos y psicosociales, asociados con dañinos miedos que, al radicalizarse, se transforman en destructivas fobias.

Esta época en la que vivimos está permitiendo ir descubriendo una buena cantidad de nuevas patologías y comportamientos —que comportan actitudes bloqueantes— relacionados con el sufrimiento traumático de un despido y de una pérdida de empleo. Entre estas destacan comportamientos de tipo psicosocial.

En algunos estudios ya parece ser un hecho la aparición de comportamientos relacionados con el aislamiento social[1]. Así las relaciones con nuestros semejantes, en el momento que más las necesitamos, disminuyen, llegando a reconocerse actitudes, incluso que conllevan a esconderse del resto de la gente. Una especie de antropofobia que puede hacer mucho daño.

Los que de alguna manera —por activa o por pasiva— convivimos con este drama del desempleo debemos ser conscientes, muy conscientes de lo que esto conlleva. Parece muy fácil dar consejos y colgar alguna frase de superación en alguna plataforma 2.0. Todos lo hemos hecho alguna vez. Pero la realidad, la cruda, la de verdad, está en la calle. Y todos dependemos unos de otros.

Nadie dice que vaya a ser fácil ¿Cierto? Pero es posible; entre todos.

Levantemos alto el vuelo, estamos en el aire y… comienza la batalla.

12
Dic

Aprendiendo a andar con un DARDE en la cartera

No quisiera, ni pretendo con este artículo añadir una más de esas “listas milagrosas” que tanto se han publicado últimamente con los 10 ó 12 pasos infalibles para obtener un puesto de trabajo –y bien que me gustaría poder hacerlo–.

Pero lo cierto es que  ese nuevo estatus de desempleado, –al que llegamos casi sin esperarlo, en la mayoría de los casos sin merecerlo, de la noche a la mañana– ejerce una influencia negativa en nuestras actitudes que producen un progresivo desorden en nuestros modos y comportamientos habituales que, sin apenas darnos cuenta, nos van alejando de “nuestra realidad” y, del mismo modo, se van transformando en obstáculos que complican, aún más, nuestro camino de vuelta al mundo laboral.

Y eso es algo que esta ahí; no es nada nuevo; se sabe, se conoce y se estudia –como respuesta a la crisis económica del 29, Marie Jahoda (1933) Empleo y desempleo: un análisis socio-psicológico— y se sufre;  y nos afecta, y a todos –o casi, supongo– en mayor o menor medida, de modo que sí hay cosas que se deben saber y, sobre todo, evitar de manera que vayamos aprendiendo a andar con un DARDE en la cartera.

En ese proceso –o calvario– en el que el desempleado se va alojando, este, tras el choque inicial, pasa por diferentes fases, desde el optimismo y activismo inicial hasta el extremo opuesto, pesimismo y pasividad o, a lo sumo, alternancia de ambos estados.

Por otro lado, el desempleado se ve afectado negativamente, además, en las percepciones que se refieren a las funciones que para la persona cumple el trabajo, y que a partir de la perdida del empleo quedan desatendidas. Así, es habitual, en este sentido, la mala estructuración de temporal de los días, la dificultad para entablar y mantener relaciones sociales fuera del contexto familiar, la dificultades de asimilación del estatus de desempleado relacionándolo con la propia personalidad, así como mayores impedimentos a la hora del ejercicio de  cualquier actividad, incluso rutinaria y cotidiana1.

Por último, las consecuencias del estado del desempleo no son menos preocupantes, traduciéndose –a nivel individual– en deterioros psicológicos y psicosociales, así como, en el entorno familiar, en problemas sobre la estabilidad mental de la pareja y de relación con los hijos –derivados estos últimos del deterioro de la relación familiar– .

Y ya, al fin, añadir que toda esta problemática no es difícil que se complique con un factor añadido. Hasta la fecha, todos los estudios referidos a la psicología aplicada al desempleo, no han sido realizados en entornos de larga temporalidad. Esto significa que con la actual coyuntura del mercado laboral, muy posiblemente aparezcan nuevas patologías y complicaciones a las cuales se deberá estar más que atentos.

Como hemos visto queda más que demostrado que el desempleo es algo que debe ocupar a todos, empleados y desempleados, e intentar esforzarnos por entender situaciones y comportamientos que hasta ahora no habíamos conocidos, tanto como sus consecuencias que ahora sí sufrimos.

El asunto, pues, es muy serio, aunque siempre es aconsejable, como Forges, no perder del todo la sonrisa.

Fuentes:

1Carlos Mª Alcover, Introduccion a la Psicología del Trabajo, pág. 484

Lectura recomendada:

“Desempleo, estrés y estrategias de búsquedas de trabajo” en McCormick y Asociados®

24
Nov

Motivación y significado del trabajo – El camino del happyshifting (parte II)

Camino a la Felicidad

(viene de atrás) De esta manera, se comprueba una vez más que el significado que el trabajo tiene para las personas no se sustenta únicamente en factores puramente materiales, sino que existen otras variables tan importantes como fundamentales reflejadas en factores como el nivel de satisfacción que el trabajador obtiene con la realización del trabajo, y con los valores que esta persona tiene hacia la acción de trabajar.

Así, volviendo a releer el artículo en cuestión 1 observamos diferentes opiniones muy en la línea de lo que hasta ahora se ha afirmado, cuanto menos en la forma, que no tanto en el fondo. Y de entre todas estas, tal vez, destacaría las declaraciones de Pablo Giráldez –Cisco Systems– cuando habla de que “tanto la compensación como la satisfacción en el trabajo se deben enfocar den forma global. Una parte de la felicidad es la retribución, pero también está en el jefe, los compañeros, la cultura corporativa, (…) o la cualificación del empleado (muchos desempeñan tareas para las que están sobrecualificados, y esto causa frustración). Además el empleado debe contemplarse de forma global. Hay que resolver los asuntos de la vida personal, y buscar el equilibrio. (…) Debe llegarse a un compromiso en el trabajo”.

Y en este último párrafo aparece, ya por fin, el concepto felicidad relacionado con el trabajo –el happyshifting  y el lovework, y con lo bonito que suena en español, por cierto–. Felicidad ¿Acaso sería esto posible?

Pues sinceramente creo que sí; pero todo ello pasa por una muy profunda reflexión por ambas partes –empleado y organización– desde donde se tome seria conciencia de los múltiples factores que influyen en el comportamiento laboral, reconociendo que los seres humanos no somos meros mecanismos que respondemos a ciertos estímulos, sino que estos están influidos por interpretaciones y significados, así como consideraciones dadas por actitudes y valores de manera que el conjunto de todo ello, sumado a la cultura organizacional –bien encajado y todo en su lugar, permitan el equilibrio vital para ambos, de manera tal que hagamos factible ese reparto a cachitos de la tarta lo que una vez llamamos Felicidad Profesional.

Fuentes utilizadas:

Artículos relacionados: 1 “¿Prefiere ganar dinero o tener un trabajo que le haga feliz?” por Tino Fernández en Expansión

Viñeta: Erlich

23
Nov

Motivación y significado del trabajo – El camino del happyshifting (parte I)

Primo Levi

El término libertad tiene, como es sabido, muchos sentidos; pero sin duda el tipo de libertad más accesible, más disfrutado subjetivamente y el más útil al consorcio humano coincide con el ser competentes en el propio trabajo y, por tanto, con el experimentar placer en su realización.

Primo Levi en La LLave Estrella (1978)

Hace hoy exactamente un mes, apareció en la sección de empleo del digital Expansión, un artículo firmado por Tino Fernández, y que he “desempolvado” de mi baúl de favoritos, titulado “¿Prefiere ganar dinero o tener un trabajo que le haga feliz?”; asunto este al que añadiéndole una pincelada de ese concepto conocido como happyshifting, –semejante al lovework, supongo– nos dará una introducción y nos facilitará el soporte para abordar el tema del presente artículo relacionado, a manera dehappyshifting introducción, con la motivación y el significado que para las personas tiene el trabajo y el lugar y centralidad que este ocupa en sus vidas, así como la posibilidad de alcanzar, a través del ejercicio de nuestra profesión, algún añadido estado de felicidad a nuestro cotidiano día a día.

En dicho artículo se abordaba la cuestión, un tanto dificultosa, de la posibilidad de elección entre una ocupación bien retribuida pero a la cual, según el autor, pudiéramos llegar al punto de aborrecer, o entre aquella otra que suponga la obtención de un empleo que nos obtenga una mayor satisfacción cediendo, incluso, en cuanto al bien material a cambio de esa anhelada realización personal.

Teoría de la Jerarquía de las Necesidades

Dado que el autor del artículo en cuestión parece querer enfocar el asunto desde la perspectiva de la motivación, el que firma este trabajo continuará desde esa misma línea con el fin de mantener la coherencia en la argumentación dada.

Para empezar, espero sepa perdonarme el lector por la introducción de la tan famosa pirámide de Maslow en un intento de explicación teórica de la motivación centrada en la persona, pero no lo hago por otra cosa sino por lo que significa a la hora de explicar la motivación del individuo esta influyente Teoría de la Jerarquía de las Necesidades y del mismo Maslow dentro de la corriente de la Psicología Humanista tan preocupado este por el desarrollo y la autorealización personal; pero si bien es cierto que desde el momento en que alguien tiene hambre, –Necesidad Fisiológica Básica– difícilmente se ocupará de otro asunto hasta que este primero se haya solucionado, personalmente me cuento entre los que no reconocen esta teoría como capaz de explicar de manera cierta la compleja actividad del individuo dentro de su entorno laboral.

De esta manera, creo no equivocarme al afirmar que será mucho más práctico centrarnos en que los trabajadores realizan sus tareas esperando obtener ese algo que le satisfaga una necesidad. Desde este nuevo punto de enfoque se verán dos grupos motivaciones definidos por su orientación extrínseca o intrínseca hacia el trabajo en sí mismo.

Desde esta perspectiva y volviendo al artículo citado 1 se observa la afirmación que el mismo se realiza en cuanto a que  “los expertos calculan que la motivación extra que proporciona un aumento de sueldo dura tres meses”. Ayer mismo, comentando este punto con un alto directivo en Valencia, aseveraba este con rotundidad que esa motivación, la del aumento de sueldo, desaparece en el preciso momento en que se conoce que el mismo ha sido conseguido; y no sé si será de forma tan rotunda pero anda en el camino acertado.

La “Cuestión de La Lotería”

Ciertamente no es el factor dinero lo que más, o por lo menos lo único que nos mueve a trabajar. Así, ante la pregunta ¿dejaría de trabajar si le tocase un premio gordo de la lotería que le permitiese vivir sin necesidad de hacer ninguna otra cosa?, –experimento la “Cuestión de La Lotería” de Morse y Weiss (1955)– una media del 80% de los encuestados respondieron que continuarían trabajando con diferentes justificaciones, si bien es cierto que una importante mayoría lo haría cambiando sus condiciones presentes de trabajo.

(sigue…)

Fuentes utilizadas: Presentación de Marina Beléndez, (Universidad de Alicante) sobre “Valoraciones y Actitudes hacia el Trabajo”.

Lecturas relacionadas: 1 “¿Prefiere ganar dinero o tener un trabajo que le haga feliz?” por Tino Fernández en Expansión

8
Nov

Inmigración, Estereotipos y Prejuicios (y III) -La Aculturación-

(Viene de atrás) Sobre estas “nuevas formas” de prejuicio que se señalaron, no entraré en formulaciones académicas –y no por carecer de interés el asunto– sino sólo apuntar que, al fin,  ante lo mal que supone el ser visto en actitudes racistas en la sociedad de hoy, todas ellas no son más que actitudes negativas solapadas, realizadas de forma indirecta, incluso, y buscando justificaciones que permitan mantenerse a la vez que conviven con los valores igualitarios y de justicia que se parece sentir y defender.

AculturaciónPor otro lado una cuestión también interesante es esa percepción que los inmigrantes tienen de la sociedad española. De esto vemos algún comentario no menos interesante en el artículo que citaba del ElMundo.es,  “El mapa de los extranjeros”“Se nos entiende mejor y eso facilita la integración”, revela, pero admite que siguen habiendo prejuicios. “Los españoles no son racistas y la fama de los rumanos está, a veces, justificada”, dicen la pareja rumana formada por Irina y Mario.

Y es que realmente, según el estudio aportado por Díez Nicolás (2005) el conjunto de la población inmigrante entrevistada en el mismo tiene una visión bastante positiva de los españoles.

Llegado este punto, sería conveniente para terminar esta visión que he intentado plasmar referente a la inmigración, los estereotipos y los prejuicios, abordar el concepto de aculturación, que no es otro que la “recepción y asimilación de elementos culturales de un grupo humano por parte de otro” —rae— y, desde la perspectiva que nos ocupa, el poner en contacto a los miembros de dos o más culturas o subculturas diferentes, en un proceso en el que se distinguen dos niveles: el individual (aculturación psicológica referida a los cambios que se producen en los individuos) y el grupal (referido a los cambios políticos, económicos, etc.).

En este sentido, uno de los modelos más aceptados sobre los procesos de aculturación es el presentado por Berry (2001), en el que el autor afirma que los inmigrantes asentados en una nueva sociedad deberán enfrentarse a dos decisiones que se convertirán en cruciales para su futuro, a saber: 1) decidir si su cultura es un valor a mantener y defender dentro de una nueva realidad en la que vive, y 2) decidir si está dispuesto a establecer y mantener relaciones con los miembros de la sociedad por la que han sido acogidos.

Aculturación (Fuente imagen: http://www.definicionabc.com)

Estas dos variables definirán las cuatro posibles estrategias que pueden adoptar estos inmigrantes: integración, asimilación, separación, y marginación. A este planteamiento habría que añadirle una nueva variable la cual correspondería a la perspectiva de la sociedad que acoge al inmigrante, y de esta forma, con la conjugación de todas, el resultando sería el modelo final elaborado en función de esta combinación de estrategias de aculturación elegidas por inmigrantes y los miembros de las sociedad de acogida y, según fuera este, se alcanzaría una relación intergrupal consensuada, problemática o conflictiva.

Lo cierto de todo es que el fenómeno de la inmigración ha cambiado profundamente la estructura social de nuestro país, y aunque del artículo sobre el que se trabaja –que nuevamente recomiendo “Estereotipos, Inmigración y Trabajo”— se desprende una manifestación no excesivamente negativa hacia el inmigrante, no cabe duda que estos sentimientos existen y emergen con mayor fuerza al tiempo que se detecta hacia este esa competencia, que ya se ha mencionado, referente a los recursos, y en particular, al puesto de trabajo.

Este trabajo fechado en 2008 ya parece contemplar los efectos que el desempleo conlleva hacia tales sentimientos negativos, aunque según ha trascurrido el tiempo, a la vez que empeorado la situación en nuestro mercado de trabajo, intuyo, que los resultados sobre el racismo aplicados a la inmigración no habrán hecho otra cosa más que empeorar, alimentando los sentimientos discriminatorios hacia una población no autóctona.

Con todo, el hecho es que no se puede dar la espalda a una realidad tan presente, por lo que será necesario el estudio de estos procesos de aculturación con el fin de facilitar la convivencia entre grupos favoreciendo la integración e intentando evitar conflictos tanto individuales como colectivos.