Saltar al contenido.

Entradas de la categoría ‘Psicología del Desempleo’

17
Abr

«El desempleo no es un estigma» – Lo que “no” debes hacer si te quedas sin trabajo

Jorge volvía hacia su casa caminando calle arriba, con paso lento, cabeza gacha y algo desaliñado –bastante más de lo habitual–. Su traje ya no estaba impecable, como era lo suyo, ni su rostro reflejaba ese entusiasmo del que se siente realizado y triunfador en la vida.

Lentamente, casi con parsimonia, levantó un poco la cabeza para comprobar lo que aún le quedaba por recorrer para terminar aquella empinada cuesta que ya le parecía infinita. Fue entonces cuando a unos quince o veinte metros más arriba, le pareció ver andando en dirección hacia él a Luis, un antiguo cliente con el que había compartido algo más que trabajo y negocios.

Sus pesados movimientos se transformaron en rápidos y ágiles. Miró a su izquierda comprobando que, en ese preciso momento, cambiaba el color del semáforo de peatones tornándose en un verde esperanza –esperanza de no ser visto–. Cruzó la calle y se refugió entre aquella otra gente. Observó como Luis continuaba su camino y desaparecía, por fin, por lo más lejano de la avenida.

Quedó unos minutos pensativo. No quería encontrarse con Luis. No quería encontrarse con nadie. Al fin, ¿qué les iba a decir, que se había quedado sin trabajo?

En esta red en la que nos movemos, la virtual, se pueden encontrar montones de listas de lo que hacer, y de lo que no, a la hora de buscar trabajo. Algunas de ellas, como es lo propio, razonadas de forma excelente y de muy aconsejable seguimiento –vease a modo de ejemplo el post “Qué hacer si te quedas en paro” en el blog Desencadenado–. Y digo esto porque tengo nítidamente clara la idea de que nada voy a inventar con este artículo. A lo sumo, puede que intente profundizar –sólo un poco– en algo sobre lo que estimo al menos conveniente reflexionar: el desempleo como «estigma social».

Y es que no es tan difícil que ocurra –ya en la vida terrenal– esta situación en la que al quedar sin trabajo sientes, a un mismo tiempo, que quedas sin ocupación y sin norte al que dirigirte y, por ello, aparece una tendencia hacia la autoexclusión provocada, posiblemente, por una caída en picado, a lo kamikaze, de la autoestima, agravada en muchos casos por infundados sentimientos de culpabilidad.

Y ahora, sólo un pequeño inciso antes de continuar esta exposición. El desempleo es un grave problema para quien lo padece, que puede producir trastornos de personalidad y conducta. Por esto sugiero la importancia de que quien rodea a la persona que lo ha perdido –la familia de manera principal– sea consciente de ello con el fin de que esta situación, más que agravarse por tales circunstancias, sea consciente y adecuadamente tratada por todo el grupo socializador.

Con todo, es importante darse cuenta que el carecer de empleo no es, en absoluto, nada vergonzante. El desempleo es una situación, es un estado, nunca una característica, nunca una atributo propio de la persona. Por ello es tan necesaria mantener esa actividad diaria dentro de un entorno social –adecuándonos de manera apropiada a las nuevas circunstancias– sin perder de vista nunca la realidad vital. Complacerse en la soledad ante la desgracia, al menos sin luchar, no ayuda a uno más que a hundirse, como en el fango, aún más en ella –así de simple y así de duro–.

Seamos conscientes: «el desempleo no es un estigma»Es menester hablar con la gente; envolvernos en la gente y de la forma más natural, haciéndoles partícipes de nuestra situación –que no paños de lágrimas; que esto no es lo mismo–, y pensando que al fin, será la gente y con la gente nuestra única manera en la que podamos salir de este túnel, aunque a veces parezca que no tiene fin.

Parece ser de San Benito aquella máxima que dice:

«Orad como si todo dependiese de Dios y trabajad como si todo dependiese de vosotros».

Y así muchas puertas se nos cerrarán; algunas con mucha fuerza tal vez por ser estas las que nunca hubiéramos imaginado –y que eso nos sirva para hacer limpieza de lo que nos estorba en nuestro camino–. Pero al final, si ponemos empeño, si nos aplicamos, si hacemos las cosas con orden y buena intención, si resistimos saldremos.

Anuncios
3
Ene

Despido, miedos y fobias.“Up in the air”, comienza la batalla.

Para gustos no hay nada escrito, o por lo menos eso es lo que se dice. Yo no soy un buen crítico de cine. Yo no soy un buen crítico de nada; tal vez ni siquiera sea un crítico, pero sí sé cuando algo me gusta o no, y “Up in the air” no me gustó.

Tratar el asunto del despido es algo muy serio. No se debe frivolizar; pienso. De todos modos, este tráiler es significativo, por lo menos en un par de secuencias; bastante significativo para hacer alguna reflexión.

Un día te llaman a un despacho; aparece un tipo al que, en la mayoría de los casos, apenas conoces; se sienta delante de ti sonriendo como si nada pasara y te mira con cara de gilipollas,  de “enterao” que todo lo sabe; te cuenta una historia en la que, habitualmente, la empresa es la que más sufre la situación; te habla de principios y valores y, al final, y no siempre, una palmadita en la espalda pues tienes que estar eternamente agradecido a la empresa que te acogió y que, en el fondo, te está dando una nueva oportunidad en tu vida profesional. Luego te quedas solo. Solo con tu angustia y tu miedo.

Antropofobia

Antropofobia

En “Me han despedido… y ahora qué”, Tamara Vázquez y Ángela Méndez nos recuerdan a Álvarez de Mon cuando dice que “la pérdida de autoestima es el miedo más peligroso y dañino de los que aparece en un despido”. Pero también hay otros miedos; u otros miedos derivados de este; miedos y  fobias… y riesgos.

El miedo nos hace sentir mal; nos hace sufrir. También la fiebre, y el dolor, actúan de una forma un tanto similar. Son avisos de que algo no va bien. Luego, desde esa perspectiva, la que nos ofrece el instinto de supervivencia, no es tan malo el miedo. Así, decía Franklin D. Roosevelt que “a lo único que tenemos que temer es al miedo en sí mismo”.

Una baja autoestima, por su parte, daña nuestro sistema psicoinmunológico —disminuyen nuestras defensas naturales— y nos hace vulnerables ante los riesgos; riesgos de posibles deterioros psicológicos y psicosociales, asociados con dañinos miedos que, al radicalizarse, se transforman en destructivas fobias.

Esta época en la que vivimos está permitiendo ir descubriendo una buena cantidad de nuevas patologías y comportamientos —que comportan actitudes bloqueantes— relacionados con el sufrimiento traumático de un despido y de una pérdida de empleo. Entre estas destacan comportamientos de tipo psicosocial.

En algunos estudios ya parece ser un hecho la aparición de comportamientos relacionados con el aislamiento social[1]. Así las relaciones con nuestros semejantes, en el momento que más las necesitamos, disminuyen, llegando a reconocerse actitudes, incluso que conllevan a esconderse del resto de la gente. Una especie de antropofobia que puede hacer mucho daño.

Los que de alguna manera —por activa o por pasiva— convivimos con este drama del desempleo debemos ser conscientes, muy conscientes de lo que esto conlleva. Parece muy fácil dar consejos y colgar alguna frase de superación en alguna plataforma 2.0. Todos lo hemos hecho alguna vez. Pero la realidad, la cruda, la de verdad, está en la calle. Y todos dependemos unos de otros.

Nadie dice que vaya a ser fácil ¿Cierto? Pero es posible; entre todos.

Levantemos alto el vuelo, estamos en el aire y… comienza la batalla.

12
Dic

Aprendiendo a andar con un DARDE en la cartera

No quisiera, ni pretendo con este artículo añadir una más de esas “listas milagrosas” que tanto se han publicado últimamente con los 10 ó 12 pasos infalibles para obtener un puesto de trabajo –y bien que me gustaría poder hacerlo–.

Pero lo cierto es que  ese nuevo estatus de desempleado, –al que llegamos casi sin esperarlo, en la mayoría de los casos sin merecerlo, de la noche a la mañana– ejerce una influencia negativa en nuestras actitudes que producen un progresivo desorden en nuestros modos y comportamientos habituales que, sin apenas darnos cuenta, nos van alejando de “nuestra realidad” y, del mismo modo, se van transformando en obstáculos que complican, aún más, nuestro camino de vuelta al mundo laboral.

Y eso es algo que esta ahí; no es nada nuevo; se sabe, se conoce y se estudia –como respuesta a la crisis económica del 29, Marie Jahoda (1933) Empleo y desempleo: un análisis socio-psicológico— y se sufre;  y nos afecta, y a todos –o casi, supongo– en mayor o menor medida, de modo que sí hay cosas que se deben saber y, sobre todo, evitar de manera que vayamos aprendiendo a andar con un DARDE en la cartera.

En ese proceso –o calvario– en el que el desempleado se va alojando, este, tras el choque inicial, pasa por diferentes fases, desde el optimismo y activismo inicial hasta el extremo opuesto, pesimismo y pasividad o, a lo sumo, alternancia de ambos estados.

Por otro lado, el desempleado se ve afectado negativamente, además, en las percepciones que se refieren a las funciones que para la persona cumple el trabajo, y que a partir de la perdida del empleo quedan desatendidas. Así, es habitual, en este sentido, la mala estructuración de temporal de los días, la dificultad para entablar y mantener relaciones sociales fuera del contexto familiar, la dificultades de asimilación del estatus de desempleado relacionándolo con la propia personalidad, así como mayores impedimentos a la hora del ejercicio de  cualquier actividad, incluso rutinaria y cotidiana1.

Por último, las consecuencias del estado del desempleo no son menos preocupantes, traduciéndose –a nivel individual– en deterioros psicológicos y psicosociales, así como, en el entorno familiar, en problemas sobre la estabilidad mental de la pareja y de relación con los hijos –derivados estos últimos del deterioro de la relación familiar– .

Y ya, al fin, añadir que toda esta problemática no es difícil que se complique con un factor añadido. Hasta la fecha, todos los estudios referidos a la psicología aplicada al desempleo, no han sido realizados en entornos de larga temporalidad. Esto significa que con la actual coyuntura del mercado laboral, muy posiblemente aparezcan nuevas patologías y complicaciones a las cuales se deberá estar más que atentos.

Como hemos visto queda más que demostrado que el desempleo es algo que debe ocupar a todos, empleados y desempleados, e intentar esforzarnos por entender situaciones y comportamientos que hasta ahora no habíamos conocidos, tanto como sus consecuencias que ahora sí sufrimos.

El asunto, pues, es muy serio, aunque siempre es aconsejable, como Forges, no perder del todo la sonrisa.

Fuentes:

1Carlos Mª Alcover, Introduccion a la Psicología del Trabajo, pág. 484

Lectura recomendada:

“Desempleo, estrés y estrategias de búsquedas de trabajo” en McCormick y Asociados®