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Entradas de la categoría ‘Gestión Estratégica’

6
Mar

«El entorno, la proactividad y los círculos de influencia (Parte I)»

Desde la organización empresarial como sistema se observa con facilidad como esta se encuentra inmersa “en un ámbito superior o sistema socioecnómico imperante que habitualmente denominamos «entorno» [1], de tal modo que descubrimos a la empresa inserta en un ambiente  con un elevado dinamismo y capacidad de cambio, con altos niveles de incertidumbre en el que la empresa interactúa día a día, y según sea esta capaz de adaptarse a ese entorno, manejarlo e, incluso, en la medida que le sea posible, modelarlo en favor de la organización, aseguraremos más o menos su supervivencia.

Así entenderemos la necesidad que la empresa tiene de conocer de la forma más exhaustiva posible el entorno en el que se desenvuelve e intentar predecir de forma analítica y reflexiva la dirección que este tomará en un futuro, todo ello con el fin de ser capaces de planificar estratégicamente el mañana que deseamos para nuestra organización.

Desde el momento en que la persona, desde su autonomía reflexiva, decide efectuar el tránsito desde su esfera privada hacia la esfera pública comienza una relación con otras personas, realiza entonces continuas acciones sociales y se convierte, por tanto en un ser social.

Fuente imagen: http://es.123rf.com

A partir de este momento, lo quiera o no, su vida, su presente y su futuro, por esa interactuación con sus congéneres, en mayor o menor medida se verá definida por la influencia de estos últimos; se verá marcada de manera profunda por su «entorno». Un entorno, por cierto, tan cambiantedinámico como el de la empresa y, en los tiempos que corren, tal vez, incluso, más caótico, contradictorio y turbulento.

Si entendemos entonces al hombre como ser social, si aceptamos que su entorno, en cierta forma, es la suma de los entornos de cada persona con las que interactúa y que por esto una gran parte de su vida depende de los cambios que se produzcan en el mismo y por acciones que no dependen del hombre como individualidad, sino a las acciones de otros hombres, no será difícil deducir la importancia que para el hombre tiene el conocimiento de su entorno, y descubrimos que, al igual que para la empresa, según lo razonado al principio de este artículo, es este un asunto de supervivencia, y por lo tanto suficientemente importante como para ocuparse del mismo.

De esta forma la persona, el profesional –que al fin es el motivo de este trabajo– tendrá la necesidad de estudiar y entender cuanto se relacione con todos esos factores externos que van a influir en el desarrollo de su día a día quiere, igualmente, gestionar su futuro de manera estratégica, que no es otra cosa que ser capaces de diseñar cómo queremos que sea nuestra vida, y planificar la manera de alcanzar nuestras metas.

Así, sobre algunos aspectos de nuestro entorno podremos influir, de tal forma que podamos paliar los efectos negativos cuando los hubiera o, en su caso, aprovechar una coyuntura propicia o, incluso, favoreciendo con nuestras acciones la positividad de los mismos. Sobre otros, nuestra capacidad de influencia será escasa y en muchas ocasiones nula.

Para ello será conveniente que aprendamos a diferenciar el conjunto de todas esas circunstacias, sabiéndolas agrupar según la influencia que seamos capaces de ejercitar sobre las mismas para dosificar y aprovechar más eficazmente nuestro esfuerzo.

Pero para hablar de ello, será cuestión de esperar a la segunda parte de este artículo.

(sigue…)


1Enrique Claver Cortés – “Manual de Administración de empresas” Pag. 97

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12
Ene

La «planificación» como «necesidad». Mueve ficha, ya.

Francamente pienso que es mucho más apetecible y motivador reflexionar sobre el futuro en épocas de bonanza. Cuando el viento sopla a favor y la mar está en calma, siempre resulta mucho más sencillo el conseguir dirigir nuestra embarcación por el rumbo deseado mientras, entretanto, disfrutamos, además, de una plácida travesía. Aunque, lo cierto es que yo tengo muy poco parecido —más bien ninguno— a eso que llaman un “lobo de mar”. Además estoy convencido de que es un asunto genético que ha hecho mella en mí como lo hizo antes en mis antepasados desde hace muchas generaciones. Así que esa es simplemente una opinión y esta una perspectiva que no para todos ha de ser la misma.

Así, como tan patente es mi desconocimiento en las artes del mar, no es menos cierto, por otro lado, doy fe, que atravesemos el momento que atravesemos, nos encontremos en la situación que nos encontremos, y nos cueste lo que nos cueste, si queremos alcanzar un objetivo, el nuestro, el que nosotros deseemos, será una «necesidad» ineludible una correcta «planificación» de nuestro rumbo, con la presencia, incluso, de aquellas famosas cuestiones del dónde, cómo, cuándo y por qué.

La reconsideración de nuestro rumbo profesional —tanto como el vital— debiera ser algo más que una práctica en momentos de necesidad —que es en esta situación de forma muy posible, precisamente, cuando menos la practiquemos—. Y es que lo verdaderamente peligroso es no saber hacia dónde nos dirigimos; que ya lo decía el filósofo cordobés:

No hay viento favorable para el que no sabe adónde va.

Lucio Anneo Séneca (4 a.C. – 65 d.C.)

Saber adónde queremos llegar, examinar nuestras herramientas, nuestras armas, diseñar nuestros modos y concebir nuestro plan; vivir, en fin, estratégicamente mirando de frente al mañana.

Gestión EstratégicaY como todos cambiamos, tanto como cambia todo a nuestro alrededor, debemos andar ligeros y sentirnos flexibles. De esta manera, un objetivo y un plan no tienen por qué ser rígidos, definitivos. Podemos modificarlos, redifinirlos cuantas veces queramos, necesitemos o, simplemente, nos apetezca. El objetivo y el plan no son los dueños de nuestra vida, sino muy al contrario. Pero para eso, para poder rediseñar nuestra senda, antes tenemos que haber marcado por dónde empezar el camino.

Y así, si quieres algo más de la suerte tendrás primero que buscarla con trabajo y tensón y ponerte frente a ella cara a cara. Es la única manera de encontrarte con su sonrisa.

Mueve ficha y comienza ya, en el presente, a ganarle la partida al futuro.