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Entradas de la categoría ‘Personajes’

23
Oct

La «Felicidad Nacional Bruta» en Bután, el reino donde la felicidad sí importa

Bután

འབྲུག་ རྒྱལ་ཁབ་, Dru Gärkhap o Bruf rGyal-Khab, en inglés Kindom of Bhutan, o  en definitva, el Reino de  Bután, es un pequeño estado situado entre China e India, en plenas montañas del Himalaya, donde desde que su cuarto rey, Jigme Singye Wangchuck, comenzara una política de exposición gradual al mundo exterior, culminada con su abdicación sobre su hijo, el joven monarca  Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, y con la cesión, por parte de este, del poder real al pueblo soberano en el año  en 2008, ha conseguido importantes avances sociales y económicos –pues cuentan que posiblemente alcance los Objetivos del Milenio estipulados por la ONU en el año 2012–; hasta el punto que, precisamente, si ahora estamos hablando de este pequeño país es porque Bután es un reino donde la felicidad, verdaderamente, sí importa.

Fundación Pequeño Deseo

Y es que ¿han oído hablar del índice de Felicidad Nacional Bruta? Pues no siendo algo nuevo –véase ya en 2008 “Bután, potencia nacional bruta”—  y dado el vigoroso y renovado resurgir de nuestro presidente desde su anhelado empeño en guiarnos a través de una “profunda” transformación del estado del bienestar –tan tristemente añorado por la mayoría de los españoles– tal vez bien le convendría a este atenerse a las consideraciones del primer ministro de Bután, Jigme Thinley, que tuvo a bien compartir en el marco del I Congreso Internacional de la Felicidad celebrado en Madrid bajo el patrocinio de Coca-Cola.

La Felicidad Nacional Bruta, una premisa basada en el convencimiento de que, por encima de todo, la principal responsabilidad de un gobernante es ayudar al ciudadano a alcanzar la felicidad y no sólo desde sus necesidades materiales –¿estado de bienestar?–, sino también desde las necesidades espirituales. Y de esta forma, su política económica se sustenta en cuatro pilares fundamentales: un desarrollo económico igualitario y sostenible –desde el convencimiento de que no se puede ser feliz sin haber cubierto un mínimo de necesidades–, la conservación de la naturaleza, la preservación de la cultura y unas transparentes prácticas de buen gobierno.

Así, en una entrevista concedida a ABC, el primer ministro afirma:

 

Jigme Thinley (Fuente ABC.es)

“Estas cuatro columnas son los indicadores principales en los que basamos nuestro desarrollo. La meta no es sólo impulsar el crecimiento económico y material sino promover el bienestar humano en un entorno social de equidad. El desarrollo no se puede lograr a costa de nuestra diversidad cultural y nuestros valores humanos; no puede comprometer el medio ambiente y la ecología. En Bután, por ejemplo, hemos incrementado el área de bosques en los últimos 30 años, desde el 46% hasta el 72% actual”.

Jigme Thinley

No conozco la auténtica realidad social de Bután sino más por lo leído en estos últimos días, pero el planteamiento en cuestión es muy atrayente. ¿Sería posible, extrapolando este asunto al mundo empresarial, sacar deducciones concluyente sobre su idoneidad?

Cada vez conocemos más sobre la relación entre el afecto y su importante influencia en el funcionamiento de las organizaciones y la productividad del empleado. Son muchos los autores que así se manifiestan –acabo de leer un muy interesante   artículo de Barsade y Gibson “Los motivos por los que el afecto es importante en las organizaciones”, el cual recomiendo por ser de un grandísimo interés–. ¿Por qué, pues, cuesta tanto asimilar una realidad tan palpable?

Reino de Bután

Pues tal vez podría ser porque cada vez conocemos más pero, a un mismo tiempo, aprendemos menos. Desoímos una y otra vez las voces de quienes nos alientan a tomar en cuenta estas consideraciones, como los ya citados BarsadeGibson o Salovey y Mayer –padres estos últimos de la Inteligencia Emocinal–.

Muchas cosas deben ir cambiando si queremos aproximarnos a conceptos como el índice de Felicidad Profesional Bruta en nuestras organizaciones. Pero debemos suponer que seremos capaces de hacerlo acercándonos, poco a poco, al concepto lovework –aun no siendo yo muy dado a los anglosajonismos–. Y, posiblemente, de esta forma consigamos adecuar competencias y actitudes de forma que converjan en la dirección de la mejora continua dentro de nuestro entorno profesional.

Claro que si hablamos de entorno, en esa cuestión, el de Bután simplifica mucho el asunto.

Noticias relacionadas:

Felicidad por decreto: ¿y si fuera una nueva asignatura en el colegio? en El Confidencial

El reino que mide la felicidad en Expansión.com

9
Oct

No seas «Ñu»


Rafa Méndez

Rafa Méndez

Ya hace algún tiempo que escribí un articulo en el que hacía referencia a este animal de origen africano, el Ñu,  así como al controvertido como a veces polémico, pero no por ello menos genial profesor de baile, Rafa Méndez, del conocido, entre nuestros jóvenes, concurso de baile Fama Revolutions.

Cierto es que muchas cosas, como los programas de televisión, a base de repetirse, y en aras de alcanzar el máximo nivel de audiencia, van acabando como aquellos que ostentan el poder demasiado tiempo, van degenerando y perdiendo la autenticidad que en el origen pudieran tener. Pero como fuera que aquí no se trata de hacer crítica televisiva –ni política por el momento– no quisiera desaprovechar este ejemplo que nos brinda el afamado docente, para compararlo con lo que nos lleva, el posicionamiento personal.

Y es que, desde su principio, el recibir en la “Academia” el calificativo de “Ñu” de parte de tal coreógrafo, no era como para andar muy contento, pues de lo que se trataba era de mostrarse ante el tutor como “Amazing”, “Energy” –que en este caso no nos vale Ñu como animal de compañía–.

Y el asunto es que está muy claro. ¿Qué es un Ñu? Pues un Ñu no es otra cosa que un animal; un animal más de los que habitan en la sabana africana. Viven en manadas, grises y uniformes manadas de cientos, y son todos iguales, muy iguales. Ante la menor sospecha de peligro se aterran. Y su terror y lo combaten escondiéndose los unos detrás de los otros para así no ser reconocidos, para así, estiman, tener una oportunidad de salvación.

Esto es un Ñu. Simplemente.

Todos tenemos miedo. No es malo tenerlo. Lo que más debemos temer del miedo es a este mismo y que sea él el que se adueñe de nosotros. Tan sólo eso.

A lo único que tenemos que temer es al miedo por sí mismo.

Franklin Delano Roosevelt

De este modo, si es de posicionamiento personal de lo que estamos hablando, precisamente de lo que se trata, más que de combatir el miedo, sería el de asumir que existe, que está ahí, de aprender a convivir con este si fuera preciso, pero no desde el paisaje gris,  sino buscando nuestro lado “Amazing”, que está seguro, y evitando, siempre, siempre, convertirnos en un «Ñu».